Sorprendiendo a mi novia

Mientras escuchaba la canción ‘Let her go’ de Passenger pero interpretada por la melodiosa voz de Jasmine Thompson, recordé el día en que mi novia y yo tuvimos que separarnos por un tiempo prolongado, pues ella había conseguido una beca para estudiar en Europa, específicamente en España, por lo que yo me tendría que quedar en México ya que no podía dejar mi empleo y arriesgarme a empezar de cero en un país desconocido, donde sería más un estorbo que una ayuda para ella. La idea era mantener una relación a distancia, pero ambos somos de la idea de que no funciona, sólo hubiera sido un martirio emocional para ambos. Así que decidimos terminar y ponerle una pausa a nuestra relación. Mi parte positiva pensaba que después de sus tres años como estudiante en Madrid, volvería y estaríamos juntos de nueva cuenta. El lado negativo imaginaba un futuro donde ella se enamoraba allá y no volvería jamás. Yo estaba dispuesto a esperarla, pero sabía que debido a la soledad podría enamorarme de alguien más.

Al principio hablamos a diario, como si nada hubiera pasado entre nosotros. Ya sea por mensajes de whatsapp o videollamadas, Skype o por llamada telefónica nos manteníamos en contacto, platicando sobre cómo no había ido, lo solos que nos sentíamos tan lejos el uno del otro. Pero como lo esperábamos, con el tiempo y la distancia que nos separaba la frecuencia de las llamadas y los mensajes comenzó a disminuir, ahora sólo lo hacíamos una o dos veces por semana, después una vez cada uno o dos meses. Cuando sabía de ella, el miedo me invadía y la imaginaba con otro hombre, a quien le había entregado su corazón. Yo no podía tener otra, pues cuando llegaba a salir con alguna chica, siempre las comparaba con mi exnovia y eso no era sano para ellas y para mí, así que decidí no forzar nada y esperar a que pasaran los tres años. Había días buenos en los que pensaba en que ella también se imaginaba que yo estaba enamorándome de alguien más y eso la hacía sufrir, pero en realidad no sabíamos cómo estábamos.

Después de los tres años y más de ocho meses sin saber de ella, su madre me contactó para avisarme que en dos días llegaría, por si aún quería verla. El corazón se me aceleró y le dije que me dejara organizar su fiesta de bienvenida. Contrate un servicio de taquizas para fiestas, pues es una ferviente amante de los tacos, pagué por un mariachi y reuní a sus amigos y familiares. El día llegó, sus padres fueron por ella al aeropuerto y el resto nos quedamos en casa esperando para sorprenderla. ¡Sorpresa! Gritamos cuando entró por la puerta, pero la expresión pareció ser dirigida hacia a mí. Al atravesar la puerta, un bulto en su abdomen sobresalía de su playera. No había otra explicación: estaba embarazada. Por eso se ocultó los últimos meses. Yo sólo tiré el ramo que pensaba darle y me fui del lugar, sin pedir una explicación, pues ya habíamos quedado en algo.