El peor día en el trabajo

No es que me sienta orgulloso, pero creo tener el galardón al tener el peor día en el trabajo. Se los juro, fue un mal día nivel Dios. Les quiero contar esta historia por si sienten que su día va mal, quizá esto los haga reír un poco o les haga entender que su día no es tan malo como el mío. Yo trabajé hace algunos años en un almacen de sillas plegadizas, donde me dedicaba a hacer inventario y acomodarlas en inmensas pilas verticales. El día trágico ocurrió un diciembre, el último día del año que trabajaríamos antes de tomar unas merecidas vacaciones. Quizá me desconcentré por la felicidad que me provocaba el irme de viaje con mi familia, el cual habíamos planeado desde hace un año, y lo arruiné todo.

El día transcurría de manera normal, realizaba el inventario de todos los pedidos que nos habían llegado desde China, que es el país donde se fabrican estos productos. Contabilizaba el número de sillas que nos llegaban, pasaba el papeleo a las recepcionistas, hasta que llegó el momento de acomodar todo lo que nos había llegado. Siempre comenzamos colocando las sillas que deben ir en lo más alto, para que lo más fácil quede al final y sea más rápido. Pero ese día, no sé por qué, decidí hacerlo de manera inversa, supuse que sería más rápido o quizá no tenía ganas de empezar por lo difícil. Coloqué todas las sillas que cupieron en las repisas de abajo, las cuales llené de manera rápida. Después seguí por las de en medio, las cuales debía colocar con un carrito que levanta las sillas y las coloca en el lugar, pero cuando llegas a la parte más alta, debes usar el carrito y subirte en una escalera de casi 7 metros y acomodar las sillas de manera manuela, es decir, con las manos. Pero cuando me faltaban unas diez sillas por acomodar, no alcancé un lugar y me recargué en una repisa baja, lo cual provocó que el peso se venciera y se cayeran todas las repisas, provocando un efecto dominó con otras hileras de sillas. Todos voltearon a verme porque de casualidad en ese momento era el único en lo más alto de las repisas.

El supervisor me llamó a su oficina y me dedicó la peor regañiza de mi vida. Me dijo que este año no iba a tener vacaciones hasta que terminara de acomodar todas las repisas solo. Nadie me ayudaría, pero traté de mantener un pensamiento positivo y creí que acabaría antes de irme de vacaciones con mi familia, pero esto no ocurrió, el simple hecho de levantar todas las repisas me llevó dos días y acomodar todas las sillas, las mías y las de mis compañeros, otros cuatro. No pude irme de vacaciones con mi familia, y el día que terminé de acomodar todas las repisas, volví a pisar de mala manera y las sillas más altas cayeron. Tras ver las cámaras, mi jefe decidió despedirme después de que regresó de vacaciones. Lo que me sirvió de experiencia.